Escapada a Cabo de Gata

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España está llena de lugares con encanto, y muchos de ellos se encuentran en Andalucía. Uno de estos rincones es el Parque Natural de Cabo de Gata en la provincia de Almería, un paraje marítimo-terrestre con una curiosa mezcla de zonas desérticas, acantilados, bonitas calas, playas diversas, aguas cálidas, y una fauna marina espectacular, que podrás observar haciendo snorkel. Desde luego,  Almería me ha sorprendido gratamente.

Con solo tres días para descubrir el Cabo de Gata, decidimos dedicarlos a ir a sus playas. Partiendo casi de cero, sin apenas leer sobre ellas, fuimos haciendo lo que nos apetecía en cada momento. De todas formas, comentaré lo que hice por si te sirve de ayuda.

Este era un viaje para disfrutar del camping, al menos a nuestro gusto, y pensamos en plantar nuestra tienda de campaña en el Camping Tau, en la localidad de San José, en mi opinión, la mejor opción para poder visitarlo todo en poco tiempo. Llevamos una campaña pequeña, con coche y electricidad para cocinar. Todo nos salió por 80 euros las dos noches, lo que tampoco lo hace demasiado barato tratándose de un camping, pero a estas alturas del verano y con prácticamente todo el alojamiento completo hasta nos pareció bien.

De camino al camping, llegamos a San Miguel de Cabo de Gata, una barriada de Almería, con una playa de arena clara y fina, y aguas cristalinas. Estas playas no cubren, hay sitio donde aparcar y, pasada la iglesia, hay algunos bares donde reponer fuerzas. Hicimos una pequeña parada y enseguida descubrimos la calidez de sus aguas, lo limpias que están y lo bien que se ve el fondo marino y sus peces. Sin duda, te recomiendo llevarte gafas de bucear y tubo, le encontrarás el gusto.

Además, podrás avistar flamencos desde el mirador de la salina. Se ven bastante cerca y merece la pena hacer una pequeña parada para esto.

Continuamos y, tras veinticinco minutos, llegamos a San José. Esta localidad pertenece a Níjar (realmente casi todos los “pueblecitos” son de Níjar) y, además de contar con una playa urbana, se accede desde ahí a la Playa de los Genoveses y la Playa del Mónsul (además de Barronal, y Cala Carbón).

Estas dos me parecen indispensables, se encuentran una al lado de otra y cuentan con autobús con tres paradas en San José: en calle Entrada, al lado del Aparcamiento Municipal; calle de Correos, frente al supermercado; y calle Ronda, a la entrada del camino a las playas, empezando a las nueve de la mañana.

Lo del autobús es porque el acceso a las playas está un poco restringido puesto que, aunque cuentan con aparcamiento para coches, este es limitado y cuesta cinco euros (no te permiten aparcar en ningún otro lugar que no sea el aparcamiento oficial).

De todas formas, siendo ya de tarde (gastamos bastante tiempo en asentarnos en el camping y descansar algo), preferimos visitar otra playa donde estuviéramos menos tiempo, así que nos dirigimos hacia el norte, con destino al Playazo de Rodalquilar. Antes de llegar nos detuvimos en un mirador que hay tras una cuesta del camino, divisando bastante bien el litoral de acantilados.

Una vez en el Playazo, y aparcado el coche (eran ya las siete de la tarde y había aparcamiento sin problemas), nos relajamos en esta playa de piedrecitas pequeñas, que cuenta con una pequeña fortaleza. Había algo de oleaje, pero apenas cubre, y el agua templada nos llamaba.

Imanes y Postales Playazo de Rodalquilar Almería Cabo de Gata

Vuelta al camping, ducha y para la calle. Fuimos al paseo marítimo de San José, que cuenta con unos pocos restaurantes (a la izquierda de la “rotonda” pintada en el suelo). A la derecha también hay algunas pizzerías, y al final del paseo llegas a una plaza con alguna que otra opción (si continuas por la callecita hacia arriba también verás algunos restaurantes/bares).

Nosotros, después de mucho pensar, elegimos el Restaurante Mediterráneo por una cuestión bastante simple: eso que pasa cuando el camarero te empieza a convencer y tú te sientes obligado a entrar. Se trata de un restaurante que está enfrente del puerto, y que ofrece comida marroquí y española, sobre todo, como no podía ser de otra manera, pescado. Mientras esperábamos una mesa nos dieron una cerveza (yo no tomo).

Queríamos algo medio barato, pero cuando le pedíamos dorada o lubina nos ofreció una corvina, que nos iba a rebajar. Finalmente, no le quedaba y nos encargó gallineta (yo no tenía ni idea de qué era, pero nos convenció -qué débiles). Yo le pedí al camarero que no me pusiera pan, ya que no puedo comerlo, pero pareció pasar de mí, puesto que sí que lo trajo.

Nos servían la gallineta cuando veo que está rebozada… Me iba a dar algo separando el pescado de la cobertura. De repente, plantó otra cerveza sin haberla pedido. Se mascaba la tragedia.

Resultado:  un agua grande, una cerveza, invitación a dos cervezas, la ensalada, dos euros más del “precio rebajado” del pescado y cobro del pan (que expresamente no había pedido), total: 45 euros. Con el miedo que nos entró en el cuerpo tampoco salimos tan mal parados.

Después de respirar tranquilos, un paseo feliz por el pueblo, tomar algo y vuelta al camping.

A la mañana siguiente, pusimos rumbo a la Playa de los Genoveses. Fuimos hacia las diez de la mañana, con el susto en el cuerpo por si no encontrábamos aparcamiento en el parking limitado, pero no solo sí que lo encontramos, sino que además no nos cobraron los cinco euros que te van anunciado por todas partes (ni idea de por qué). Se accede con el coche por un camino de tierra por el que irás unos cinco o siete minutos.

Esta playa es bastante extensa, de arena fina y dorada. Es una playa natural (puedes ir con o sin bañador), por lo que no encontrarás chiringuitos, duchas o papeleras (al igual que en la mayoría de ellas). En esta, como en otras muchas playas, hay que tener cuidado con las corrientes, y verás carteles avisándote de ello.

Después de comer, cogimos el coche hacia la Playa del Mónsul, a la que se va siguiendo el camino por el que habíamos llegado hasta aquí. También encontramos aparcamiento y tampoco nos cobraron (hay que tener en cuenta que a la hora del almuerzo algunos van y otros vienen, por lo que hay oportunidad de dejar el coche).

Esta es la famosa playa donde se rodó escenas de Indiana Jones y la Última Cruzada, así que es imprescindible que te hagas “la foto”.

Pudimos ver muchísimos peces,y es que la limpieza de las playas, el agua cristalina y la agradable temperatura hacía que pudieras estar mucho tiempo bañándote y buceando. Una maravilla.

Después de pasar una agradable tarde en la playa, regresamos al camping, ducha y a cenar al cercano Restaurante Estrella de la India. Comida india muy buena y genial trato del personal.

Ya es nuestro último día, hay que recoger la tienda, los bártulos, hacer algunos compras y aprovechar lo que nos queda en alguna playa. Decidimos dirigirnos primero a la localidad de Las Negras, un pequeño pueblo blanco, con bares acogedores cercanos a la playa, donde poder tomarte algo. Sin embargo, nosotros simplemente nos dimos un chapuzón en su playa, la Cala del Cuervo, de piedras y con rocas en el mar, con peor acceso, pero igual de bonita. Luego, compramos el típico imán del indalo, el símbolo de Almería, y tomamos rumbo a la Playa de los Muertos.

Para llegar a La Playa de los Muertos tienes que dirigirte a Carboneras, más al norte. Esta playa es de las de aguas más transparentes pero, al contrario que las anteriores, cubre nada más entrar y hay que tener cuidado para meterte y salir debido a las olas. Además, es de difícil acceso, ya que dejas el coche en el aparcamiento de arriba (si lo quieres cerca del acceso a los caminos principales deberás pagar 4 euros, pero puedes encontrar un aparcamiento extra en un camino paralelo a la carretera principal). De ahí salen tres caminos, de los cuales el del medio es el más utilizado.

Te aconsejo ponerte unas zapatillas de deporte para bajar hasta la playa, ya que el camino, de unos diez o quince minutos, es pedregoso; además de cargar con lo imprescindible. Aun así, esta playa es la que tenía más gente.

Se trata de una playa sin arena, sino con piedrecitas que no molestan. Bonita, con el puerto a un lado y una gran roca a otro lado, cuenta en esta parte con un pequeño oasis para la fauna marina entre las rocas. Podrás encontrarte con algunos huecos donde meterte a nadar y a ver peces. Eso sí, está lleno de gente intentando hacer fotos para Instagram (como yo).

Nuestro viaje se acababa, pero antes queríamos ver, aunque fuera desde el coche, el Desierto de Tabernas. Por eso, nos dirigimos al municipio de Tabernas y subimos a su castillo árabe. Desde ahí pudimos divisar parte del desierto y una bonita puesta de sol.

Y aquí acaba nuestro viaje a Almería y a Cabo de Gata. Preciosas playas naturales en un entorno desértico, digno de admirar y disfrutar. Te invito a que descubras este precioso trocito del sur de España, uno de los secretos mejor guardados.

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