Tres días en la provincia de Huelva

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Como no podía ser de otra manera, durante el verano hay que intentar hacerse alguna escapada y desconectar. En esta ocasión he visitado Doñana, la aldea de El Rocío, Huelva, las playas de Matalascañas y Mazagón, Palos de la Frontera y Moguer. Tres días en la provincia de Huelva para disfrutar de naturaleza, historia y gastronomía.

Primer día

Realmente fuimos cuatro días, de sábado a martes, pero el primer día nos paramos en Sevilla para visitar a unos amigos. Cuando por fin llegamos a Huelva, nos dirigimos a nuestro alojamiento, el camping La Aldea, en El Rocío, (45,75 € por persona con la tienda, el coche y electricidad durante tres noches), montar la tienda de campaña y cenar. Lo de dormir ya fue otra cosa, algo realmente difícil con los chavales que nos tocaron al lado de la tienda, aunque dentro de lo que cabe se comportaron, dejándonos dormir al fin a la una y media… La música de madrugada de una discoteca cercana al aire libre no ayudó mucho a seguir durmiendo, pero con el cansancio casi no lo notamos. Eso sí, mejor siempre evitar los sábados noche en un camping: nota mental.

Segundo día

El domingo a las ocho de la mañana teníamos ruta guiada en autobús-jeep por Doñana. Te piden llegar con quince minutos de antelación y cuesta 28 euros la visita normal. De todas formas nosotros habíamos comprado un cupón de Groupon, por lo que nos salió a 19 euros cada uno. Pudimos ver algún que otro ciervo, conejos, liebres y muchas aves, entre ellas garzas y milanos. Sin duda merece la pena.

Tras la ruta comimos en un restaurante cercano, unas gambas de Huelva, una ensalada tropical y una ración de solomillo. Todo muy rico en el Mesón “La Madre”.

Después de comer dimos una vuelta por la aldea, visitando la Ermita y sus calles enarenadas.

Por la tarde nos fuimos un rato a la piscina y luego nos preparamos para dar una vuelta por Huelva, a 45 minutos, aprovechando que era el último día de feria. Realmente en Huelva capital no vimos mucho, siendo domingo todo estaba cerrado, pero pudimos pasear por el centro, la Plaza de las Monjas o el paseo del Muelle del Río Tinto. De noche disfrutamos de las casetas de la feria y del concierto de Tequila, totalmente inesperado para nosotros y con el que “saltamos” muchísimo. Como cierre de la feria que conmemoraba el 525 aniversario del descubrimiento de América, nos sorprendieron con unos fuegos artificiales en el muelle.

Tercer día

El lunes fuimos a comprar algo de comida a un mini Día de El Rocío y luego pusimos rumbo a Matalascañas. Esta playa, atestada de sevillanos buscando el fresquito, es bastante grande, pero es difícil encontrar aparcamiento. Por eso, nosotros condujimos hasta el Hotel El Coto, dimos miles de vueltas (normal, porque ya era la una de la tarde) y al fin aparcamos.

Nos colocamos en el lado más salvaje de la playa, sin casas ni ningún tipo de servicio, pero en el que puedes disfrutar de la naturaleza, bañándote en el mar, relajándote en la toalla o andando por la playa y las dunas. A la vuelta, de noche, fuimos de nuevo a El Rocío para cenar en el Restaurante La Guindilla. Buenas tapas y buen trato, aunque aquí, como en casi cualquier sitio de Huelva o Sevilla, te ponen el pan cobrándote, con lo que si no quieres pagar de más y no vas a tomar pan, avisa en el momento en el que te lleven la cesta a la mesa.

Cuarto día

Ya el último día, nos dispusimos a desayunar en la cafetería del camping, que no está mal pero apenas tiene variedad, y a recoger la tienda. Ya con el coche listo nos fuimos hacia Palos de la Frontera, lugar conocido por ser el pueblo desde donde partieron las carabelas a mando de Cristóbal Colón, rumbo a América. Después de ver el ayuntamiento y la plaza, comimos en el restaurante del Hotel La Pinta, en la Plaza de España. Lugar totalmente recomendable, con tapas riquísimas y nada caras para lo que te ponen.

Arroz a la marinera

Después de comer fuimos hacia La Rábida, a dos minutos en coche, pero el Monasterio a esa hora estaba cerrado, por lo que solo pudimos pasear por los alrededores, para más tarde ir al Muelle de las Carabelas y visitar el museo y las réplicas de las embarcaciones (entrada 3,60).

Con el calor que pasamos, después de la visita no nos quedaba otra que buscar con urgencia una playa y condujimos durante quince minutos de vuelta a la playa de Mazagón. Nos dimos un chapuzón y volvimos a coger el coche, ahora dirección a Moguer, el pueblo que vio nacer al Nobel de Literatura Juan Ramón Jiménez, autor de Platero y yo. Este pueblo está muy bien cuidado, con muchísimas referencias a Juan Ramón y a Platero en sus calles. Aunque nosotros no pudimos visitar todo lo que quisimos, al menos nos llegamos a la Casa Natal de Juan Ramón, con entrada gratuita y explicación muy exhaustiva de su guía. Recomendable cien por cien.

Ya de noche, se termina nuestras vacaciones y volvemos a casa, sin olvidar las primeras letras de Platero y yo:

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