Un fin de semana en Turín (Torino)

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Turín, en la región del Piamonte al norte de Italia, es una de esas ciudades con encanto que revive su importante historia en sus palacios y monumentos, a la vez de imponerse como capital del automóvil y del cine, y albergar el segundo museo de antigüedades egipcias más grande del mundo. Esta ciudad te sorprenderá y no te dejará indiferente. ¿Qué sorpresas puedes descubrir en Torino en un fin de semana?

Viernes, día 1

Para ir a Turín desde Málaga cogemos un avión de Blue Air. Se trata de una compañía rumana, para mí desconocida hasta este momento, pero que me sorprendió para bien. Los aviones son bastante cómodos y además, te ofrecen un sándwich y una bebida totalmente gratis. La única pega podría ser que me costó realizar el check-in online, pero después de trastear la página web lo conseguí.

Al llegar al aeropuerto de Caselle, al norte de Turín y a 16 km del centro, buscamos las taquillas para comprar el billete del autobús. No tienen perdida, ya que verás largas colas. Otra opción, que te indican algunos ayudantes, es que compres el billete en una tienda/estanco/kiosko que hay cerca de las taquillas y donde casi nadie hace cola.

Aquí tienes la información sacada directamente de la web del aeropuerto: Puedes ir en tren desde el aeropuerto hacia la estación del tren Torino Dora GTT, pero es mejor si tomas el autobús SADEM y te bajas en la estación del tren Torino Porta Susa o Torino Porta Nuova. La estación Torino Dora GTT se encuentra en el norte de Turín, mientras que las otras dos estaciones tienen una ubicación central. El recorrido en autobús hasta Torino Porta Susa dura 38 minutos y hasta Torino Porta Nuova 45 minutos. El bus sale aproximadamente cada quince minutos hacia ambas direcciones, en los fines de semana y en los días festivos el bus pasa cada media hora. En los días entre semana el primer autobús desde la ciudad sale a las 05.15 horas mientras que el último bus desde el aeropuerto sale a las 00.00 horas. Los billetes cuestan € 6,50 por unidad y están a la venta en la máquina autoventa y en el mostrador de Ricevitoria, ubicados en la sala de llegadas. No se recomienda comprar los billetes con el conductor del autobus, pero de todas formas lo puedes hacer aunque por un coste adicional de € 1,00.

Llegamos a la parada y esperamos cola en el asfalto, donde había una zona pintada que indicaba que tenías que ponerte ahí. De todas formas, también verás la gran cola. Si tienes suerte entrarás en el próximo autobús, si no tendrás que esperar al siguiente.

Nosotros nos bajamos en la estación Torino Porta Susa, ya que precisamente nos alojamos en el Hotel Torino Porta Susa, (342 euros para tres noches en habitación de 3, con desayuno). Se trata de un hotel bastante apañado, situado en un edificio del siglo XIX, con una estética muy bonita y cuidada, y un desayuno más que aceptable. Además, está relativamente cerca del centro, por lo que se tarda andando unos 15 minutos máximo.

Una vez llegados al hotel y soltado las maletas, fuimos a ver el centro de Turín de noche. Nos sorprendió que no había prácticamente nadie en la calle, y nos resultó un poco insegura. La verdad es que Turín está llena de soportales que cobijan a muchas personas sin hogar y hay gente que se te acerca a pedirte dinero, pero no tuvimos ningún tipo de problema real de seguridad, era una simple sensación. Al día siguiente nos enteramos de que la noche anterior había jugado la Juventus , uno de los equipos más importantes de Turín junto al Torino, un partido de Champions, por lo que seguramente la ciudad estaba vacía por ese motivo. El sábado y el domingo estaba ya todo lleno de gente.

Sábado, día 2

Nos dirigimos a la Piazza Castello, centro histórico de Turín. Allí se encuentra la Oficina de Turismo, y tras hacer la respectiva cola compramos la tarjeta Torino+Piemonte Card. Nosotros la compramos para dos días, una por persona, por 35 euros. Incluye entrada a prácticamente todo lo que tienes que ver (acceso a unos 200 museos), por lo que por ese precio merece mucho la pena. También la tienes disponible para tres o cinco días. Asimismo, incluye descuento a diferentes atracciones turísticas, como la subida al ascensor de la Mole Antonelliana.

Enfrente de la oficina de turismo se encuentra el Palazzo Madama, primer sitio que visitamos. Se trata de un palacio y una de las residencias de la casa real de Saboya declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Actualmente alberga el Museo Municipal de Arte Antiguo. Este palacio es visita indispensable.

 

Tras dos horas nos dirigimos al Palacio Real, ubicado en la misma plaza, esperamos una no muy larga cola y entramos. Se trata de la residencia oficial de la Casa Saboya, también declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Después de disfrutar de estos maravillosos palacios hicimos una parada rápida para comer y continuamos fundiendo nuestra tarjeta en el Museo Egipcio, que para eso nos habíamos gastado las pelas. Eso sí, el cansancio ya se notaba, y con la cantidad de gente que había en el museo y y el montón de salas que hay fue imposible verlo todo. Aún así lo disfrutamos mucho y nos trasportamos durante dos horas en el Antiguo Egipto.

Por último ese día, fuimos a visitar el Museo del Cine, ubicado en la Mole Antonelliana, donde se encuentra un magnífico ascensor que te permitirá ver unas preciosas vistas de la ciudad. Por desgracia, la cola para montar en el ascensor era impresionante, y con lo cansados que estábamos a estas alturas decidimos pasar olímpicamente de las vistas y visitar el museo. Este lugar es realmente interesante, que más que contar habría que visitar. Magníficos los carteles de películas y el sentarte en esos cómodos sillones horizontales y disfrutar del cine…

Ropa de Marilyn Monroe

 

Realmente me encantó y me lo pasé muy bien en el Museo del Cine. Pero ya era hora de comer y buscamos una de esas maravillosas pizzerías, que había que darse un capricho. Después paseamos un poco a la orilla del Río Po, la Via Roma (donde están todas las tiendas de marca) y la Piazza San Carlo.

Ahora al hotel y a descansar, pero antes tocaba disfrutar del regalito que nos habían dejado en la habitación. Un detalle: una botella de vino y unos gianduiotto, unas chocolatinas típicas piamontesas.

Domingo, día 3

Bien temprano nos dirigimos al metro para ir al Museo del Automóvil. Turín es una ciudad puramente automovilística, cuna de la industria y donde se fabrican los FIAT, Lancia y Alfa Romeo. Además de todos estos coches, había una gran colección de coches de Fórmula 1, y por supuesto, hay algún detalle de nuestro Fernando Alonso.

 

 

 

 

 

De aquí fuimos al Parque Valentino, a orillas del Po, donde se encuentra el Castillo del Valentino (que no visitamos) y el Burgo Medieval, una construcción del siglo XIX, con motivo de la exposición internacional de 1884, que hace recordar a una villa medieval.

Tras esta relajante y curiosa visita fuimos caminando hasta el Monte dei Capuccini, donde se encuentra la Iglesia de Santa María del Monte y desde donde podemos divisar una espectacular vista de Turín. Luego bajamos hasta la iglesia Gran Madre di Dio, cruzamos el río y volvimos al centro por la Via Po.

 

En nuestra vuelta casa aprovechamos las últimas horas del día para entrar en la catedral de San Juan Bautista, donde se encuentra la Sábana Santa, y ver la Porta Palatina, puerta de acceso de la antigua ciudad romana.

Al fondo, Ayuntamiento
Vuelta a Piazza S. Carlo

Esta noche comimos en un restaurante indio que nos encontramos y vuelta al hotel a descansar la última noche.

Lunes, día 4

Llovía a cántaros, por lo que tuvimos que optar por un plan con techo y ese fue el Museo de Artes Orientales. Al entrar antes de las diez de la mañana, la tarjeta de Piemonte aún nos valió, por lo que aprovechamos la tarjeta a más no poder. Este museo no es de lo esencial de Turín pero sí es altamente recomendable. Nos gustó muchísimo.

Ya era momento de irse de Turín, así que fuimos a la estación de autobuses, y tras intentar comprar el billete en máquinas que no funcionaban y taquillas cerradas, lo conseguimos en el autobús, por un euro más (nota: entregar el dinero lo más justo posible porque no te cogen billetes grandes, menos mal que un amable pasajero nos dio cambio). Eso y que dos chavalas italianas no paraban de “cantar” Despacito y reírse en voz muy alta. ¡Qué alivio llegar al aeropuerto!

Por lo demás, Turín me sorprendió muy para bien, una ciudad muy grande y llena de rincones, museos, historia, gastronomía y cosas diferentes que hacer.

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