Viaje a Oporto en 4 días

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Mi último viaje vino de la necesidad de salir disparada de mi pequeña casita antes de que comenzara a trabajar el 1 de septiembre, así que le pregunté a una amiga si tenía unos días libres y voilà, hicimos una lista de los lugares más baratos a los que viajar en avión usando el comparador de vuelos Skyscanner y finalmente decidimos viajar a nuestro país vecino, por eso de ir desbloqueando países (aunque yo ya había viajado con mi familia al Algarve y a Lisboa en varias ocasiones). Compramos un vuelo para Oporto con escala en Lisboa con la compañía TAP Portugal por 180 euros. Luego buscamos un hotel bueno, bonito y barato en Booking.com, mi buscador de alojamientos favorito ya que la mayoría de las veces la cancelación es gratuita, y elegimos el Nice Way Porto Hotel por 200 euros tres noches las dos (venga, las matemáticas se nos dan bien, así que pagamos… ¡100 euros cada una!)

Reproduce el vídeo para que te entren más ganas de viajar a Portugal. Funciona. Pero eso sí, AVISO: si quieres encontrar aquí una guía super provechosa para visitar Oporto durante cuatro días no empieces a leer. Más bien hicimos pocas cosas respecto al tiempo que teníamos, pero por una causa de fuerza mayor (p*tada) que descubrirás si te lees el siguiente tostón.

DÍA 1 – SÁBADO 27 DE AGOSTO

Llegado el día (más bien la noche porque tuve que despertarme a las cuatro de la mañana) me puse a hacer la maleta de forma express para poder acostarme pronto, intentando no olvidarme de lo esencial (bragas y cargadores, obvio) y cuando ya “anochecí” mi amiga me esperaba en un taxi rumbo al aeropuerto. ¡Ay¡, qué inocentes éramos pensando que no tendríamos ningún inconveniente, o más bien expectantes sobre qué ocurriría esta vez (hay prueba videográfica). Lo primero fue ver cómo nuestro avión era en realidad (al menos lo parecía) una avioneta, con solo dos asientos por fila y con las alas por encima de las ventanillas. Susto.

Tap express

Y es que TAP Express es la versión lowcost de la compañía nacional aérea portuguesa. Llegamos sin problemas a Lisboa después de hora y media, y después de esperar durante otra hora y media en el aeropuerto haciendo escala (muy moderno y bonito, lleno de tiendas) nos montamos de nuevo en nuestra avioneta rumbo a Oporto. Pero si creíamos que íbamos a aterrizar pasada una hora estábamos equivocadas. Por la megafonía empezaron a informar en portugués de algo que hacía que los portugueses que iban en el avión empezaran a resoplar y a poner cara de wtf. Tras la explicación en inglés, provenida del más allá por esos altavoces de los años ochenta, nos dimos cuenta de que nos informaban de que no se iba a poder aterrizar por las condiciones metereológicas y que volvíamos a Lisboa. ¡Noooooooooo! No nos lo podíamos creer. Empezaba bien la cosa…

Aterrizamos en Lisboa, y tras repostar y quitarnos el aire acondicionado durante casi quince minutos (menudo calorcito bueno) pudimos desembarcar. De nuevo en el aeropuerto de Lisboa (maldito dejà vu) nos arremolinamos en el mostrador intentando obtener alguna explicación, pero lo único que conseguimos, y que fue más que suficiente, fue una nueva tarjeta de embarque. Así que calladitas, después de comprobar mediante internet que en Oporto hacía un tiempo maravilloso…, y con nuestro nuevo pasaje nos pusimos a hacer cola y en menos de hora y media estábamos de nuevo enavionando en el mismo avión. Hay que decir que de esto sacamos algo bastante bueno. Conocimos a dos chicas españolas, de Cádiz y Málaga que también bajaban a Oporto en la misma ruta y estaban igual de perdidas que nosotras. Pero finalmente llegamos a nuestro destino. Ahora sí, con cinco horas de retraso pudimos aterrizar en Porto (así se llama la ciudad en portugués).

Desde el aeropuerto cogimos el metro que tarda unos 25 minutos hasta el centro y el billete cuesta 1,85. Tienes que comprar primero la tarjeta andante (no recuerdo si era 1.50 pero ya la tenías para todos tus trayectos) y luego el billete a la zona 4, que es la del centro. Todo en la máquina de billetes. A nosotras la guardia de seguridad nos vio cara de panolis turistas y enseguida nos explicó (en portugués) y nos seleccionó todo en la pantalla. Mu apañá la señora. No te liarás con el sentido de la vía ya que el trayecto comienza en el aeropuerto y solo hay metro dirección al centro. Sí, parece un tren, ya que casi siempre irás a nivel de calle.

Nos bajamos en la estación de Trindade, a siete minutos andando de la Avenida de los Aliados (realmente a mí me parece la plaza del ¿ayuntamiento? – nunca conseguimos averiguar cuál era ese edificio, y por lo que descubrimos los turistas como nosotras también pensaban que podría tratarse del ayuntamiento) y, al fin, llegamos a nuestro hotel Nice Way Porto, situado en la calle anterior al Mcdonald’s. Es un portal en cuya entrada encontrarás una fila de sillones antiguos usados para que te limpiaran las botas. Subes por el ascensor (que no tiene puerta de seguridad) hasta la tercera planta donde está la recepción y, todo lo que parecía un bloque cochambroso se convierte en un vestíbulo bastante guay, con su modernez hipster, sillas con happy faces, una cocina para los desayunos, unas mesas y sofás para hacer amigos y una recepción que parecía la barra de un bar. Nos atendió un chico super simpático que hablaba español estupendamente, y tras dejar una fianza de cinco euros por la llave, subimos a nuestra habitación con baño privado en la quinta planta. Ahora solo quedaba soltar todos los bártulos y lanzarnos a la calle.

Nice Way Porto room Nice Way Porto bathroom

Lo primero que nos encontramos al salir a la calle fue a un tipo que se nos acercó y nos dijo: ¿marihuana? ¿fumar? ¿smoke?. Y nosotras… em…. no… Sin duda se trataba de un error y de un yonki. Pero al dar unos cuantos pasos y adentrarnos en la calle Rua das Flores, pasada la Estación Sam Bento, se nos acercaron dos más a decirnos lo mismo, ¡y es que nos estaban vendiendo! ¡Pero bueno! ¿Qué invento es esto? Total, que ya quisimos hacer una cuenta de todos los vendedores de maría durante el viaje y sumaron seis al final. Increíble. Pero tampoco pienses que esto es tan normal, porque otros turistas con los que hablamos dijeron que a ellos no les había pasado nada de esto, así que seguramente era por nuestra cara de gente shunga del barrio, porque no tiene otra explicación.

Bueno, volviendo a la Rua das Flores, es una de las calles con más encanto, tiendas de souvenirs por doquier, otras tantas bastante monas y curiosas y algunas con antigüedades. La verdad es que merece la pena entrar en varias de estas tiendas y echar un rato paseando tranquilamente, escuchando a grupos tocar música callejera, ver un espectáculo de marionetas o simplemente descubrir rincones con pequeños dibujos o graffitis curiosos. Eran ya las seis de la tarde así que entramos en una pequeña cafetería para comer una ensalada de pasta y algo de fruta y salir a seguir explorando.

En nuestro camino a la Ribeira, la zona del río Duero (Douro en portugués), nos topamos con la Iglesia de San Francisco. La entrada cuesta cuatro euros y puedes ver el interior de la iglesia y también las catacumbas. Merece la pena.

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Después seguimos hasta el río y descubrimos que las casas están bastante pegadas al borde del río y que un pequeño pasillo dejaba el sitio suficiente para una hilera de mesas de los diferentes restaurantes. Nuestro paseo se vio interrumpido por unas voces que nos decían… ¡eh! ¡oye!, nos giramos y eran las chicas que habíamos conocido en el aeropuerto. ¡Qué sorpresa! Así que nos fuimos con ellas por el río, cruzamos el puente de Luis I y llegamos a la otra orilla, perteneciente al pueblo de Vila Nova de Gaia y desde donde se puede contemplar una maravillosa estampa de Oporto.

Puente Luis IPorto azulejoRio Duero RibeiraOporto RibeiraRio Duero Oporto

Como ya estaba anocheciendo nos fuimos las cuatro a cenar a la Praça da Ribeira, en un pequeño restaurante del que no recuerdo el nombre, pero situándote en la fuente, y mirando haciendo ella quedaría justo a la derecha. Tiene unas mesitas en la calle y como estaban ocupadas decidimos esperar tomando algo, así que el dueño nos sirvió unas copas de vino de Oporto y nos la tomamos en las escaleras de piedra alrededor de la fuente. Un lujo, botellón con vino.

Nos despedimos de las chicas, volvimos al hotel, nos cambiamos y decidimos buscar el ambiente nocturno para tomarnos algo y bailar. Fuimos a la calle Rua de Cândido dos Reis, prácticamente al lado de la Avenida de la Libertad, y estuvimos haciendo una ruta por los diferentes bares, con bastante ambiente internacional, y probamos una de las cervezas nacionales, la Super Bock. Luego a “casa” y a descansar para el día siguiente.

DÍA 2 – DOMINGO 28 DE AGOSTO

Empezamos con fuerza pero sin aprovechar el desayuno del hotel ya que era de 7:30 a 10:30 y no estábamos para esos trotes. Para las once íbamos ya dirección al Museo Soares dos Reis, el museo más antiguo de Portugal, pasando por la Torre de los Clérigos, cuya visita dejaríamos para más adelante. El Museo está bastante bien pero si no eres mucho de visitas culturales de este tipo te lo puedes ahorrar. Hay muchas pinturas, esculturas y otros elementos como cristalería, porcelana o joyería.

Museo Soares Dos Reis

Estábamos bajando ya la escalinata del museo para terminar la visita y mi amiga se tiró por la otra escalera (es de rollo palacio, simétrica hacia ambos lados) y me dejó solita… Eso significó que yo y mi empanamiento hicieran que no viera el maldito último mini escalón, que encima estaba señalado, que había tras el último rellano, pisara como si caminara por los mares, se me torciera el tobillo y me cayera sobre una nada suavita alfombra de esparto. ¡Pum! Mi amiga me vio desaparecer tras el mostrador de la entrada. Vino en mi ayuda y ahí descubrimos que no podía apoyar el pie. Mal asunto. Lo más gracioso de todo es que justo donde me caí había una silla de ruedas (ja, ja, ja, ¡qué graciosa ironía!).

A partir de ahí empezamos a practicar nuestro nivel a1 de portugués (español lento  y listening inventado, como creer que cadeira es cadera en vez de silla, y yo pensar que no entendía por qué me hablaban de cadera cuando me dolía el pie, cuando en realidad me estaban diciendo que me sentara en la silla). Una chica joven trabajadora del museo vino a ayudarme, me senté en la silla de ruedas (ja…ja…ja…) y me sacaron del museo para llevarme a las urgencias de un bonito hospital que habíamos visto anteriormente a dos minutos del museo (dijimos, oh mira qué bonito hospital, de la época colonial, habría que visitarlo – esto era broma pero resultó ser verdad finalmente…ains). No, si encima puede decirse que tuve hasta suerte; me caí pero me pusieron una silla de ruedas y un hospital justo al lado.

La chica intercedió por mí y en cinco minutos ya entré por la puerta de Triagem para que la doctora me atendiera. Simplemente tenía un esguince y no iba a poder apoyar el pie ese día. Luego podría apoyarlo pero andando lentito, teniendo cuidado con las cuestas, ¡cuando Oporto tiene muchas!. ¡Qué bien! ¿verdad?. No era para tanto… hasta que me cobraron 112 euros por haberme tocado el pie, comprobar que no lo tenía roto y darme esa explicación. Ah bueno, me recetaron ibuprofeno y me dijeron que me pusiera hielo y al día siguiente una tobillera. Así que si estás leyendo esto, por favor, sácate la tarjeta sanitaria europea, que se puede solicitar por internet y tiene una duración de dos años. Hazlo si no quieres que te sangren y se te quede aún más cara de tonto!

Una curiosidad es que durante la visita al museo (vacío excepto por un par de turistas y un trabajador que se entusiasmó al enterarse de que éramos de Málaga, ya que los colores de la equipación del Málaga son iguales a los del Oporto, celeste y blanco) pensamos en encontrar nuestro propio nombre portugués. Yo pensaba en Oliveira de apellido pero dudaba, y cuál fue mi sorpresa al ver que el apellido de mi doctora era ese. Así que me quedé con su nombre y apellido ya para siempre. Bautizada.

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Así que nada, taxi y para el hotel (el taxista, muy simpático, me dijo que me cuidara el otro pie…) Me quedé en la recepción en un sofá con una bolsa de hielo en el pie y dando mucha pena. Una turista que a su segundo día de vacaciones no puede caminar es muy muy triste y notaba que la gente tenía ganas de darme un abrazo. Menos mal que estaba con mi amiga y ella me trajo comida del Conga, un restaurante conocido por sus maravillosas bifanas, un plato típico que consiste en unos bollitos rellenos de una especie de carne mechada con una salsa picante. Nos comimos dos cada una con patatas fritas.

¿Y ahora qué? Pues nada, el resto de la tarde me lo pasé en la recepción primero y luego en la habitación del hotel haciendo nada, porque ni tele había. Mi amiga se preparó para la misión de encontrarme unas muletas y la tobillera, siendo domingo y teniendo que encontrar una farmacia de guardia donde vendieran muletas. La recepcionista la ayudó llamando por teléfono a diferentes farmacias y al final dieron con una que estaba a media hora andando. Y… finalmente apareció en la habitación con las maravillosas muletas para la lisiada. Las preparé con unas vendas para que no dolieran tanto las manos y quedamos con las chicas españolas para cenar. Fuimos al otro lado de la Avenida de la Libertad ya que yo no daba para más y cenamos en Petisco Da Liberdade, una ensalada, mini francesinha (al día siguiente probamos la verdadera) y bolitas de bacalhau (no puedes irte de Oporto sin probar algo de bacalao en alguna de sus múltiples variedades). Lo demás fue seguir dando pena e irnos para el hotel a descansar.

DÍA 3: LUNES 29 DE AGOSTO

Me levanto con miedo, apoyo el pie y… chan chan, me dolía pero podía apoyarlo usando las muletas. ¡Qué felicidad más grande! Así que nos pusimos guapas, desayunamos en el hotel y nos dirigimos (muy leeento) hacia la calle. Justo delante del Mcdonald’s hay una parada de autobuses turísticos, nos montamos en el azul (también los hay rojos y amarillos pero este es el más barato) y pagamos 12 euros por 48 horas de uso (vale 10 si quieres solo 24 horas). Este autobús te permite cogerlo tantas veces como quieras durante esas horas, usando las paradas de autobús dedicadas a eso, te hace un tour por toda la ciudad y te dan una guía sonora mediante auriculares durante el trayecto. La verdad es que nos salvó la vida y pudimos ver bastantes cosas, llegando hasta la parte de Foz, al lado del mar. Sin duda, es muy recomendable, aunque pienses que es algo demasiado turístico.

Casa de la Música
Casa de la Música

Río Duero Oporto Foz Oporto

Nos bajamos en Vila Nova de Gaia, donde ya estuvimos el sábado, y decidimos coger uno de los rabelos (barcas) que hay para navegar por el río Duero. La entrada costaba 12 euros en el barco que está más pegado al puente e incluía catas en tres bodegas. Por eso, finalmente, no fuimos a Ferreira, la bodega que nos hubiera gustado visitar, al final de la orilla y nos quedamos más cerquita. El viaje en barca es muy recomendable, muy bonito y romántico (todo eran parejas excepto nosotras, aunque bueno, técnicamente al ser dos también éramos pareja), y tras 50 minutos empezamos la cata. Esta fue la parte más divertida ya que primero fue una copa de vino blanco, luego otras cuatro mini copas de tinto y blanco y finalmente otra copa de ruby… Así acabamos… Lo demás fue tomarnos una nata (pequeña tartaleta de hojaldre rellena de una especie de crema, riquísima) comprar algún que otro souvenir, volver a coger el autobús y bajarnos al lado de la Catedral, la cual pudimos visitar entera excepto lo que más queríamos, el claustro, que lo acababan de cerrar. Genial… Por eso fuimos a la Estación de Sam Bento para fotografías sus bonitos azulejos, ya que por mi piesito no pudimos ir a Guimaraes, que era nuestro plan inicial para este día.

Paseo en rabelo Oporto OportoTorpe

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Quinta do Noval Royal Oporto Cata vinos OportoCatedral Oporto Oporto Estación San Bento

Estaba ya muy cansada y me dolían las manos y el antebrazo pero había que continuar, no quedaba otra y Oporto nos estaba gustando muchísimo. Paramos un momento en el hotel y conocimos a un chico israelí que más tarde volveríamos a encontrarnos. Después de maquearnos un poquito salimos rumbo al Café Majestic en la Rua da Santa Catarina. Esta cafetería es de las más antiguas y lujosas de Oporto y es uno de esos sitios que te hacen transportarte a épocas pasadas, donde muchos de sus comensales iban a hablar de lo que se cocía en el momento. Eran revolucionarios los tripeiros (así se conoce a los habitantes de Oporto). Nos tomamos un café, un té y unas riquísimas torrijas para compartir. Todo salió 14 euros. No, no es barato, pero merece la pena tomarte algo simplemente para respirar el ambiente.

Café Majestic Oporto img_20160829_201018

Y, aunque llenas, pensamos en terminar la noche cenando una típica francesinha. Este plato es un mejunje extraño; una especie de sándwich relleno de salchicha, jamón, mortadela y filete, con queso por encima y la posibilidad de ponerle un huevo frito arriba. Todo esto envuelto en una salsa picante de tomate y cerveza y unas patatas fritas alrededor, por si no te era suficiente. Yo creo que debería llamarse “Muerte por francesinha”. La mejor francesinha la encuentras en el Café Santiago, recomendado por toooodo el mundo así que había que probarla. Está bastante cerca del Café Majestic, en la esquina de la calle continuando hacia arriba (sí, cuestas… y yo con mi pie lisiado haciendo virguerías). Llegamos y estaba petadísimo, con cola en la calle, ¡qué locura! Por eso seguimos un poco más calle arriba, porque pasábamos de esperar, y descubrimos que pocos metros más arriba hay otro Café Santiago, también lleno pero con apenas gente esperando fuera. Supongo que la gente se queda en el primer local y no sabe que hay otro más arriba. La suerte que tuvimos fue que al ser solo dos nos dieron mesa enseguida. Tuvimos que esperar un poco pero al final probamos el ansiado plato, que la verdad creo que solo comen los turistas, ya que en los bares normales, cuando había una francesinha en la mesa, siempre se la estaba comiendo un extranjero.

Francesinha Café Santiago Francesinha Café Santiago

De vuelta al hotel, justo en la entrada, nos topamos de nuevo con el chico israelí y en un pis pas ya estábamos diciendo de irnos juntos a tomarnos algo. Este chico era amigo, también por coincidencia, de un chico danés, al que conoceríamos más tarde. Fuimos de nuevo a la calle de la primera noche, estuvimos tomando cerveza portuguesa, les enseñamos un trabalenguas (Pablito clavó un clavito, del que hay prueba videográfica jajaja) y hasta bailamos. Yo lo hacía rollo flamenco, con una pata, y me robaban la muleta algunos guiris para hacerse fotos. Por lo demás nos lo pasamos muy bien, traduciendo la canción de “Si te vas yo también me voy, si me das yo también te doy” para que ellos la entendieran, y cantándola en inglés  gritando por la calle volvimos al hotel. Fue una noche un tanto surrealista pero muy divertida. Lo mejor de viajar es que conoces lugares pero sobre todo personas.

DÍA 4 – MARTES 30 DE AGOSTO

A la mañana siguiente desayunamos en una mesa con nuestros amigos y otros chicos de diversos países. Luego, nos despedimos del chico danés y nos fuimos con el israelí a la Librería Lello, librería que supuestamente sirvió de inspiración a J.K. Rowling para Harry Potter. Eso hace que te cobren una entrada de tres euros, que luego se convierte descuento si compras algún libro, y que esté llenísimo de extranjeros. Y claro, como buenos turistas pardillos que éramos tuvimos que ir. Muy bonita la librería, sitio curioso y auténtico. Reto: cuando la visites encuentra a Cervantes.

Librería Lello Oporto

Más tarde, visitamos la Iglesia de los Clérigos pero sin ver la torre, ya que yo no podía subir, y por último el Mercado de Bolhao. No es demasiado interesante así que si no tienes tiempo mejor pasa de largo. Otros sitios interesantes que no pudimos visitar fue por ejemplo El Palacio de la Bolsa o El Museo del Tranvía. En otra ocasión será.

Después de esto solo quedaba empacar nuestras cosas y abandonar esta maravillosa ciudad. Esta vez el único inconveniente que tuvimos fue que en la escala en Lisboa no tuvimos nada de tiempo, porque el avión llegó tarde. Quedaban solo tres minutos para que cerraran la puerta de embarque y yo estaba en la otra punta del aeropuerto, siendo acompañada por una trabajadora que llamaba al control para que me esperaran. Cuando finalmente subí al avión, encima un azafato me regañó por no haber solicitado una silla, a lo que yo dije que comenté mi situación y nadie me la había ofrecido hasta casi al final, cuando ya en verdad no la necesitaba. Además, no fue mi culpa que en vez de 45 minutos de escala tuviéramos tres. En fin, al final quiso redimirse ofreciéndome un transporte una vez llegados a Málaga, que tampoco llegó por surgir una urgencia. Bueno, ya daba igual, ya no iba a perder ningún avión y estaba en casa. Fue muy difícil llegar hasta Málaga sin morir en el intento, porque además tenía en el antebrazo un importante burujón causado por la muleta. Cuando llegué a mi casa no me lo podía creer, me tiré en la cama y dormí mucho mucho, pero con una sonrisa por el estupendo viaje que había vivido. Accidentado, inesperado pero increíble.

Ah, se me olvidaba. Oporto está tomado por extraterrestres provenientes de otra galaxia. Si viajas a esta ciudad a ver si los puedes encontrar.

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2 Comments

  1. La primera vez que iba a hacer un viaje con amigas …. hablé con una clienta de ello. Estaba emocionada por mi primera vez, por crear un planing, por desbloquear mapas, experiencias, descubrir lo que aún no sabía que existía y disfrutar ….

    Recuerdo que en comparación a la vida de un simple mortal era un viaje sencillo pero era inevitable entusiasmarme agrandando los ojos y hablarle a una desconocida, nunca olvidaré lo que me dijo :

    “No importa donde vayas, lo que importa es con quien lo haces”.

    1. Sin duda acertó con sus palabras. La vida trata de eso: descubrir, disfrutar, experimentar y crecer. Pero sobre todo, compartir. Clienta sabe más.

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